Todo lo que nos fue arrebatado- a ti y a nosotros- todo está compuesto por polvo de estrellas, y ahora, tú te confundes con ellas y brillas en nuestros cielos… Hoy el presente eres tú y nosotros por siempre...Hoy no se nos escapa ese último contacto físico, esa confirmación de que ahora eres sol, luna, aire, fuego, …,cada planta a la que diste suelo, cada gota de agua que te tocó… Somos tus semillas y tus huellas, somos tú en cada respiración y en cada sueño que habita en nuestros espíritus. Hace treinta años- cuando por primera vez toqué esta tierra- la muerte y el dolor corría por la vida de aquellos que me dieron vida, cada día un gran amigo moría y la desesperanza tejía los días y las noches, el amor se veía traicionado en los ojos del otro y todos los cuerpos parecían escindirse en las ráfagas del viento; la vida siguió, sin embargo, la muerte nos visitaba en todos los rincones, la balas no paraban y las ideologías jugaban con nuestros sueños; los espacios disc...
Caminabas por esta vida con botas de colores, con semillas silvestres, con árboles de libertad… …Caminabas y caminabas… Bajo las estrellas soñabas raíces y ante el sol descubrías la savia que entraña la tierra. Caminamos por espacios sensibles, aún eternos, que nos contenían por completo… Habitaciones, en forma de caleidoscopio, que entre luz y espejos reflejaban la existencia en todos sus claroscuros. Altos, bajos, medios… El devenir se presentó en muchos momentos incomprensible, con una carga de pesadumbre, con una carga de amor; en lo quijotesco de las empresas nos soñábamos, con ladrillos hechos de naturaleza se re-construían espacios pasados que se llevan en las sangre; y los espacios de tu presente tendían hacia el re-descubrir las posibilidades para ser mundo y ser reales… Hilos de fique que tejieron fuerte y hondamente cada centímetro de vida. Llegó un día… Llegó un día y ya no habitamos los mismos espacios… De golpe, sin aviso previo los hilos de esta materi...
La Espiral “También eso puede darse. Nos convertimos en lo que matamos, Légele. Tú no lo piensas pero venimos de lejos” (Cesare Pavese, Diálogos con Leucó, “El Toro”) Era de mañana. Todo aún dormía y ella, en su confortable cama, pensaba en todas las posibilidades que se le presentaban. Hacía unos días había conocido al Toro y todo había cambiado en sus perspectivas; entre largas caminatas y diálogos sobre lo universal las horas habían pasado como en un sueño: suaves, livianas, rápidas. Ya no creía que fuera necesario ganar pesadez, ni que, la levedad fuera aquello que nos hacía la existencia inabarcable, sentía un nuevo brío que se colaba desde sus primeros Chakras hasta el cosmos que la contenía, una pequeña luz naranja le recorría toda su espina dorsal y ya no era tiempo para llorar. Demasiados espacios habían transcurrido junto al llanto y el dolor. Por fin había llegado al final de ese largo camino. Con el Toro todo era nuevo y fresco, como un fauno se deslizaba entre las hojas, l...
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