Cuando la reflexión recae sobre nuestro cuerpo- sobre nuestra mismidad- todo se torna un poco transparente, un poco difícil de asir, ya que, no podemos acudir a metáforas del afuera y nuestras reflexiones se ven retadas por la forma en la cual vivimos, es decir, el nivel de coherencia entre aquello que pensamos y las acciones de vida se pone en primer plano y el pensamiento, que por espacios se considera alejado y frío, recuerda que pertenece a un espacio determinado por la respiración, la sangre que corre, el latido del corazón y las contracciones musculares, entonces, la imaginación se sabe cómo choques eléctricos y el devenir de aprehensiones del mundo exterior, es así pues, que se delinea una corporalidad que se asume por completo, con dimensiones múltiples y espacios intrínsecos que construyen el todo que soy yo, entonces, lo unitario es pluralidad, dialéctica que es existencia en movimiento. ¿Dónde me siento viva? Porque las sensaciones de la existencia se convierten ...